Luego
de darse cuenta, de que Fantasía estaba casi perdida, los cuatro mensajeros
salieron a dar una vuelta por el bosque de Haule. Cuando volvían, sintieron cómo las luces se apagaban y volvían
a encenderse en un destello. Los mensajeros creyeron que Fantasía había
desaparecido por culpa de la nada, pero no fue así. Era el hermano malvado de
Blubb: Bulbb. Este hermano era un fuego fatuo color azul claro, que llevaba una
gran capa color rojo intenso y un escudo dorado. El fuego fatuo azul era muy
poderoso, aún más poderoso que su hermano, y era Bulbb el que había apagado y
encendido las luces.
—
¿Qué quieres, Bulbb?—preguntó Blubb.
—A
ti y a tus amiguitos.
—Eso
es imposible. Si nosotros somos cuatro y tú, uno solo—exclamó el comerrocas.
— ¿Estás
seguro?—dijo el fuego fatuo azul con una risa tenebrosa.
En
ese mismo momento miles de tropas salieron de los árboles y plantas y se
llevaron a los cuatro amigos a la guarida de Bulbb, a las afueras de Fantasía. El
fuego fatuo malvado era un aliado de la nada, pero por suerte para los
mensajeros, la nada y su aliado no lo
necesitaban.
—Los
dejaré salir solo con una condición—exclamo el fuego fatuo—Que mi hermano peleé
conmigo en una batalla a vida o muerte.
—Trato
hecho— dijo Blubb.
Los
dos hermanos se enfrentaron en una batalla a muerte, feroz y agresiva. Mientras
tanto, los otros tres mensajeros empezaron a hablar:
— ¿Qué
haremos?—preguntó el comerrocas.
—¡¡HuyHuy!!
—respondió el silfo nocturno.
Pero
antes de poder decir otra palabra, el diminutense ya los había liberado de sus
celdas para ayudar a Blubb a matar a su hermano. Sin embargo, el mensajero no
se los permitió ya que deseaba vencer a
su hermano por si mismo. La batalla continuó y luego de media hora de intensa pelea, la contienda terminó. Blubb había ganado y su
malvado hermano había muerto. Los cuatro mensajeros volvieron orgullosos por la
victoria de su amigo, sin embargo, el bosque de Haule ya no era el mismo. Fantasía
no era lo mismo, ellos eran diferentes, todo había cambiado tanto de nombre
como de apariencia.
Pero eso es parte de otra historia…
Muy bien, Mateo!
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