jueves, 30 de agosto de 2012

LA HISTORIA DE MI VIDA


Hace mucho tiempo, rondando el comienzo del siglo pasado, la selva del Amazonas, un lugar exótico, hermoso y conocido por pocos, fue escenario de una aventura maravillosa que te voy a contar.
Yo era un navegante joven, embarcado en un navío inmenso, gigantesco, bello e imponente, también conocido como “El Perla Negra”, navegado por el misterioso Capitán Barba Violeta. En esta gran nave, era un marinero novato llamado Gervasio Ernesto Devalbachio Difrigore, o también conocido como Tito.
En un 16 de diciembre de 1910 el barco estaba yendo a mucha velocidad por el rio amazónico, mientras que nosotros disfrutábamos del espectáculo que nos estaba dando la naturaleza.De repente, un gigante cardumen de anguilas  eléctricas gigantes se apareció del medio de la nada.
—Joven marinero, ¿cómo se llama? —me pregunto el capitán.
—Tito—respondí rápidamente.
— ¡Tito, fíjate por la borda qué son esos monstruosos seres del río!
—Parecen ser unas horripilantes anguilas eléctricas.
—Joven, tome su arpón y junto a los demás marineros ataquen a esas bestias—me ordenó el capitán con total desesperación.

Nosotros les dimos lucha a esos horripilantes monstruos pero fue inútil porque las anguilas ya habían hecho un agujero gigante en el barco y todo estaba perdido, el barco se hundió y solo unos pocos sobrevivimos al naufragio, quedando a la deriva del río y de sus dioses. Luego de tanto rezar para salvar nuestras vidas, finalmente nos quedamos dormidos.

Al otro día me desperté en el suelo asombrado de lo que estaba viendo: un montón de aborígenes semidesnudos tan sorprendidos como yo. Ellos me ofrecieron un líquido extraño parecido a un licor y unas frutas realmente deliciosas que no conocía. Cuando pasé la vista a mi alrededor no vi a ningún marinero y todavía, después de muchos años, no sé qué habrá sucedido con ellos.

Luego me guiaron a un lugar cercano donde estaban sus viviendas, mientras tanto,  pude observar  un paisaje abundante en flora y fauna tropical además de riachos y enormes montañas. En un claro del bosque vi sus chozas, estaban hechas de barro y paja, dispuestas de manera circular alrededor de otra más grande, donde (creía yo) viviría el cacique y su familia. Estaba en lo cierto: allí en la gran casa vivía el cacique con su hermosísima hija llamada Dalila. Me enamoré perdidamente de ella, con su largo pelo castaño, su hermosa figura  y sus hermosos ojos, grandes como las estrellas que guiaban al “Perla Negra”. Yo quería casarme con ella porque Dalila me había demostrado su cariño pero para poder casarme con su hija, el cacique me impuso una prueba casi imposible: pelear con el gran orangután que vivía en la cima de la montaña y asustaba a este pueblo desde los tiempos más remotos.

            Sin grandes preparativos pero muy enamorado, subí a la montaña en búsqueda de la gran bestia. La pelea fue feroz, pero en un momento sintiéndome casi rendido, recordé la historia de “David y Goliat”, entonces tome un par de piedras y se las lance al animal dándole de lleno en sus ojos, de modo que quedó ciego  y cayendo por el precipicio, el animal finalmente se rindió.

—Abuelito, abuelito, ¿Esta historia pasó?—preguntó mi nieto Omahasa
— ¿Cómo crees que nos conocimos con tu abuela Dalila?—contesté.
—! Qué linda historia ¡¿Cómo termina?
— ¿Y vos cómo crees que terminó?...






jueves, 9 de agosto de 2012

Dialogo pensado para intercalas de un fragmento de 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne

— ¿Se siente bien, capitán?—pregunté.
—Mejor que nunca profesor.
— ¿Por qué tanta felicidad?—exclamó Conseil.
—Por ser el primer hombre en pisar el Polo Sur.
—Capitán, le tengo que felicitar y agradecer—gratifiqué con total felicidad.
— ¿A qué se debe eso, profesor?
—Lo tengo que felicitar por la nave que ha creado y le agradezco que me haya permitido acompañarlo.
—No hay de qué.
—Capitán, nosotros tenemos ganas de irnos—anunció Conseil.
— ¿Por qué?
—Porque no queremos molestarlo y además, queremos ir con nuestras familias.
—Entonces le tengo una mala noticia Conseil, porque el Nautilus ya zarpó y no  vamos a parar hasta llegar al Polo Norte.
— ¿Cuándo volveremos y además, como resolveremos el tema de la comida?—se preocupó Conseil.
—Volveremos dentro de seis meses y hay comida para un año entero, además quiero que me acompañen en esta nueva aventura. Entonces: ¿hay trato?
—Si, capitán— respondí con total entusiasmo y con ganas de seguir más increíbles aventuras.