Crónica
de una conferencia anunciada
Vergonzoso hecho le sucedió
ayer en conferencia de prensa al dueño de la empresa de lácteos “Sancora”.
Era
una mañana muy importante para el señor
Martín Rodríguez, dueño de la empresa “Sancora”, productora de lácteos y otros
productos alimenticios, ya que iba a anunciar a través de una conferencia, la futura inauguración de una nueva planta que
produciría yogures y mantecas de alta calidad. Anunció que se iba a realizar en
un hotel muy lujoso del barrio porteño de Caballito, con la presencia de los
socios y gerentes de las distintas sucursales, como así también de la
Presidenta de la República Argentina, de
otros funcionarios y de varios periodistas, representantes de los
diarios y canales de televisión que se ocupan de la economía del país.
Sin
embargo, esa noche, Don Rodríguez no
durmió del todo bien debido a un espasmo estomacal y un fuerte dolor de cabeza, que le provocó despertarse
repetidas veces por la madrugada para ir al baño, tomar buscapina e ingerir un poco de agua para
calmar el malestar. Malestar producto
del hecho, de que la noche anterior a la
conferencia inaugural, el dueño de “Sancora” había asistido al cumpleaños de su
suegra y, para poder soportar los agudos chillidos de su señora madre política y los diversos familiares de su esposa,
quienes le hacían recordar a la familia de “Los Locos Adams” liderados por la
“Bruja del 47”, tuvo que ingerir una gran cantidad de alcohol y alguna que otra
tirita de cordero.
El
empresario estuvo toda la semana preparando lo necesario para que la
conferencia fuese perfecta sin que se notase ningún error. Y a pesar de los
fuertes dolores estomacales que lo perseguían, como todo buen caballero, igualmente,
salió a dar la conferencia. Todo iba bien: el señor Rodríguez había contestado
todas las preguntas de manera formal y pertinente, sin trabarse en ninguna de sus
respuestas. Pero justo cuando estaba por terminar de contestar la última
pregunta, y esto es para los que creen que los ruidos extraños solo se escuchan
por la noche y son creados por fantasmas
o seres sobrenaturales, a Don Martín se le escapó una muy ruidosa
flatulencia, que por un pequeñísimo momento pareció producto de aquellas viejas
bromas de niños. En un segundo, todo había terminado.
El
silencio se hizo presente por un momento en el coqueto hotel. Pero
inmediatamente, de a poco, las risas se empezaron a escuchar y con el pasar de
los segundos las risas eran cada vez más y más fuertes. Cada una de las personas que se
encontraba en el hotel, por lo menos por un instante, se rio de la infame
situación que le tocó pasar al pobre
empresario, que se quedó solo en el escenario con una vergüenza que lo mataba
por dentro y lo enrojecía por fuera.