martes, 15 de abril de 2014

Cronica

Crónica de una conferencia anunciada
Vergonzoso hecho le sucedió ayer en conferencia de prensa al dueño de la empresa de lácteos “Sancora”.

Era una mañana muy importante para  el señor Martín Rodríguez, dueño de la empresa “Sancora”, productora de lácteos y otros productos alimenticios, ya que iba a anunciar a través de una conferencia,  la futura inauguración de una nueva planta que produciría yogures y mantecas de alta calidad. Anunció que se iba a realizar en un hotel muy lujoso del barrio porteño de Caballito, con la presencia de los socios y gerentes de las distintas sucursales, como así también de  la  Presidenta de la República Argentina, de  otros funcionarios y de varios periodistas, representantes de los diarios y canales de televisión que se ocupan de la economía del país.
Sin embargo, esa noche,  Don Rodríguez no durmió del todo bien debido a un espasmo estomacal y  un fuerte dolor  de cabeza, que le provocó despertarse repetidas veces por la madrugada para ir al baño, tomar  buscapina e ingerir un poco de agua para calmar el malestar. Malestar  producto del hecho, de que  la noche anterior a la conferencia inaugural, el dueño de “Sancora” había asistido al cumpleaños de su suegra y, para poder soportar los agudos chillidos de su señora madre política  y los diversos familiares de su esposa, quienes le hacían recordar a la familia de “Los Locos Adams” liderados por la “Bruja del 47”, tuvo que ingerir una gran cantidad de alcohol y alguna que otra tirita de cordero.  
El empresario estuvo toda la semana preparando lo necesario para que la conferencia fuese perfecta sin que se notase ningún error. Y a pesar de los fuertes dolores estomacales que lo perseguían, como todo buen caballero, igualmente, salió a dar la conferencia. Todo iba bien: el señor Rodríguez había contestado todas las preguntas de manera formal y pertinente, sin trabarse en ninguna de sus respuestas. Pero justo cuando estaba por terminar de contestar la última pregunta, y esto es para los que creen que los ruidos extraños solo se escuchan por la noche y son creados por fantasmas  o seres sobrenaturales, a Don Martín se le escapó una muy ruidosa flatulencia, que por un pequeñísimo momento pareció producto de aquellas viejas bromas de niños. En un segundo, todo había terminado.
El silencio se hizo presente por un momento en el coqueto hotel. Pero inmediatamente, de a poco, las risas se empezaron a escuchar y con el pasar de los segundos las risas eran cada vez más y  más fuertes. Cada una de las personas que se encontraba en el hotel, por lo menos por un instante, se rio de la infame situación que le tocó pasar  al pobre empresario, que se quedó solo en el escenario con una vergüenza que lo mataba por dentro y lo enrojecía por fuera.