Había una vez una mujer que un día fue al mercado con una
olla de miel en la cabeza. Mientras iba por el camino, empezó a pensar que vendería la miel y que, con lo que le
diesen, compraría una partida de huevos, de los cuales nacerían gallinas, y que
con el dinero que le diesen por las
gallinas compraría ovejas, y así fue comprando y vendiendo, siempre con ganancias.
Y pensando en esto,
vino un príncipe alto, rubio y con unos ojos azules como el mar. Él la miro y se
enamoraron perdidamente. Se casaron, viajaron por el mundo entero, y por último
se fueron a vivir a una majestuosa nube. Luego de un tiempo viviendo juntos ferizmente,
apareció un dragón de colores azul y oro, brillante como el amanecer, con un
fuego intimidante en su boca.
El príncipe y el dragón se enfrentaron en un duelo sangriento y feroz; a las horas de la audaz pelea, el príncipe cansado ya no
pudo defender a su princesa y el dragón victorioso se comió a los dos. Y vivió
feliz para siempre.
Muy bien, Mateo.
ResponderEliminar